Recientemente, Transparencia Internacional publicó su índice anual de percepción de la corrupción (IPC). Guinea Ecuatorial se sitúa casi al final del ranking mundial, compartiendo esa desastrosa posición con Libia y apenas superando a países como Afganistán y Corea del Norte. El informe del IPC —y otros similares, como Freedom in the World— son una radiografía perfecta del estado socio-político actual de Guinea Ecuatorial.
Corrupción y miedo: los cimientos del régimen
La sociedad ecuatoguineana, enfrentada a la resignación y la impotencia, ha experimentado de primera mano cómo la corrupción puede infectar y destruir el tejido social. La falta de instituciones sólidas y de mecanismos de control y rendición de cuentas frente al poder ejecutivo nos ha devastado, al punto de que la gestión de los asuntos públicos se entiende mejor con el término italiano Nostra, que significa que el Estado de derecho ha sido completamente socavado.
Las explosiones en Bata: prueba adicional del castigo inmerecido a la ciudadanía
La pandemia de COVID-19 y las mortales explosiones ocurridas en los cuarteles militares de Nkuantoma en marzo de 2021 han arrojado aún más luz sobre la total ausencia de capacidades básicas de gestión. De hecho, todo indica que la prioridad del régimen gobernante es garantizar la impunidad: asegurar que los ecuatoguineanos sean abandonados a su suerte.
Guinea Ecuatorial se encuentra entre los tres mayores productores de petróleo y gas de África subsahariana. Con una población que no alcanza los dos millones de habitantes, cabría esperar razonablemente que nuestros recursos se usaran para el bienestar y la prosperidad de nuestro pueblo y nuestras instituciones. No ha sido así, bajo ningún parámetro concebible.
Los políticos corruptos en el poder y la familia cleptocrática que nos gobierna desde 1979 parecen preocuparse únicamente por su propia riqueza —solo parecen interesarse en blindarse y enriquecerse a expensas de una población que sufre.
Solo cuando se cierre la brecha entre nuestra élite gobernante y la gente común, Guinea Ecuatorial podrá conocer un verdadero progreso y prosperidad. Hasta entonces, ninguna propaganda ni estadísticas falsas podrán ocultar la verdad desnuda y la realidad vivida por quienes están atrapados hoy en Guinea Ecuatorial: somos una nación que necesita urgentemente liderazgo ético y buena gobernanza.
Sobre el autor: Joaquín Elo Ayeto es un activista de derechos humanos en Guinea Ecuatorial. En 2019, fue encarcelado arbitrariamente durante un año y torturado por las autoridades. Es miembro de la plataforma Somos+, un grupo que denuncia las violaciones de derechos humanos y la corrupción en Guinea Ecuatorial.
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Publicado originalmente en Vanguard Africa







